Lnguag sms  

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El otro día el capitán Haddock recibió un mensaje en su móvil que decía tal que así: "8 arpe 6 bipe 5 core 65 ecopes 9 meteoce 78 trabamari". Creyendo que el amigo que se lo mandó ya se había pasado de frenada con el calimocho decidió contestarle en el mismo tono: "95 vivalamacarena 54 sbuirbhq 7 zulu iurhaui 5 chimpun". No fue hasta la noche, en su propio furor etílico tomando cachis con los colegas, cuando cayó en la cuenta de que lo que le había querido decir era las notas de los exámenes: 8 artes de pesca, 5 códigos y reglamentos, 6,5 economía pesquera...

Si es que hay que ver qué manía tiene la gente de abreviar las cosas. Un poquito en el móvil no hay más remedio, yo creo que todos lo hacemos. Bueno, menos mi jefe, que el jodío me los envía con saltos de párrafo y todo. Cómo se nota que no paga él. El problema es que luego la peña le coge el gustito y se lanza a escribir en lenguaje máquina a diestro y siniestro como si les cobraran por caracteres. Sobre todo me hace gracia la manía que tienen de cambiar las "C" por la "K", cuando que yo sepa las palabras son igual de largas. Será que queda más... radikal.

En el campo de los blogs hay de todo, pero hay quien lucha contra esa lacra y reclama un uso más correcto y rico del castellano, porque al fin y al cabo su lema es una verdad como un templo: eres lo que escribes, eres como escribes. Pero en el messenger me resulta casi imposible encontrar a gente que no comience sus conversaciones con un "ola qtal?". Si además le sumas la maldita manía de ponerse frases kilométricas como nick quedan cosas como estas:
Sorpresii Napolitanini....(siento mi falta de conocimiento italianil)....In Worlds I am TRUE.....ILLINOIS!!!!!!!!! - (te quiero y te espero pero no paro de hacer)tengo cam en el curro.
Lo peor es que es totalmente verídico, lo tiene un conocido puesto ahora mismo con sus mil puntos suspensivos, mayúsculas gritonas y la capacidad expresiva de un furby. Que lo malo no es eso, el problema llega cuando te encuentras a chavales que no saben escribir de otra manera, ni siquiera en un exámen. Cualquier día nos tocará corregir uno que encima traiga emoticones, como si lo viera: "N tngo nidea, prof ". Encima con una letra que parece que te estás enfrentando a un texto sumerio. Claro que siempre te pueden decir que están practicando para cuando sean médicos.

Humm, bien pensado si ellos tienen su propio traductor de letra podríamos aplicarlo a nuestros alumnos y santas pascuas. Aunque sería mejor que intentaran hacerla legible ahora que están a tiempo, antes de llegar a la facultad. Yo era de aquellas que tenía una letra impecable, pequeñita, eso sí, con un cuadrito de largo tenía suficiente para las minúsculas. Luego en la uni la velocidad para tomar notas era tal que me convirtió en una de esas personas a la que los apuntes se piden una vez. Sólo una vez. Era además especialmente vergonzoso cuando la comparaba con la de mi abuelo, que apenas había podido ir a la escuela por ayudar a sus padres en el campo cuando era niño o de joven en la mina y cometía faltas como puños, sí, pero tenía una caligrafía de monje trapense que daba gloria verla.

No sé, es cierto que somos humanos y es fácil que algo se nos escape, tampoco hay que ser extremistas como cierto señorito pepis que conocí, al que le mandé un texto que había encontrado por internet algo subidito de tono sobre el placer y el chocolate y me respondió que las faltas de puntuación le bajaban la líbido. Ni calvo ni con tres pelucas, hombre. Pero salvando las distancias, sigo pensando lo mismo: lgo bamal qand ntnds mnsjs cm st, tronko.

¡No es justo!  

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  • Siempre se deja de escuchar el auricular izquierdo de mis cascos a los dos días de comprarlos.
  • Los envíos nunca me pillan en casa y tengo que ir yo al quinto pino a recogerlos.
  • Un zumo o un agua en un pub me cuestan más que un copazo.
  • Los tíos a los que metía fichas y el resto en general pasan de mí justo hasta que inicio una relación.
  • A mis medias les da por sacar dos o tres licenciaturas al punto de estrenarlas.
  • Tomarse un café y un pincho es cada vez más caro en todas partes. Fuera del norte en algunos sitios no hay ni pinchos, lo que debe ser uno de los siete signos del apocalipsis.
  • Siempre te tropiezas a tu ex, o a cualquiera que quieras que vea lo estupenda que estás desde que se pierde tu compañía, cuando vas desgreñada y en chándal a sacar al perro.
  • Todo lo que está rico engorda.
  • Depilación, todo está resumido en una sola palabra. ¡Mamá naturaleza, pero si ya bajamos del árbol hace un montón de años!
  • En invierno siempre se me empañan las gafas al entrar en cualquier sitio y en verano sin ellas soy incapaz de encontrar mi propia toalla.
  • Cuando el teléfono se avería tengo que llamar a un número de pago para que arreglen su propia incompetencia.
  • Cuando tras más de 40 minutos se dignan a cogerme el teléfono la señorita operadora no puede solucionarme mi problema y me cuelga en las narices tras decirme que llame a otro número de pago.
  • Los antiguos danzaban para obtener lluvia, yo sólo tengo que ponerme falda. Si ese día además he ido a la peluquería caerá el segundo diluvio universal.
  • Soy una rehén de RENFE y sobre todo de ALSA, la empresa madre de todas las quejas.
  • En mi trabajo estar ocho meses sin cobrar es considerado normal, pero mi jefe siempre aprovecha para repasarme por la cara su mercedes nuevo y el último modelo de GPS y Blackberry que se acaba de comprar.
  • Estoy hasta la horquilla del moño de que haya que ser políticamente correcta, así que digo desde ya que me tienen frita los lameculos, los etarras, los periodistas sin corazón, las modelos anoréxicas, los antireligión porque sí y los fanáticos religiosos porque no, los gañanes egocéntricos, las vecinas pucelanas que no saludan y encima me miran mal, los políticos echándose las culpas unos a otros y los ladrones de la SGAE.
  • Estoy harta de no encontrar trabajo, de los anuncios de compresas, de los virus informáticos, de las cadenas de la amistad y estoy harta de tanto frotar.
  • Pero lo peor es que a este coro de Helsinki ya se le había ocurrido la mayoría de las mejores quejas ¡no es justo!


Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvídese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.
(Julio Cortázar en Historias de cronopios y fantasmas)

Esas cenas de antiguos alumnos  

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Si hay algo en la vida que puede parecerse a reencontrarse con un ex y sentir que ya no se tiene nada en común, eso son las reuniones de antiguos alumnos. Digamos que yo las clasifico en dos tipos: compañeros del colegio y compañeros de facultad.

A la primera cena una ya acude consciente de que el niño que te tiraba de las coletas y te llamaba Repipi Pataslargas ha debido cambiar un rato largo. Pero en la segunda una espera encontrar la camaradería de siempre en gente a la que hace pocos años que no te cruzas. En ambos casos sueles equivocarte.

Para empezar los compañeros de la EGB no han cambiado demasiado, siguen subdivididos en las mismas tribus urbanas de cuando éramos nanos: las barbies pijas, el payaso de la clase, los gamberros reciclados en yuppies estresados... Sólo cambia el hecho de que alguno ya se ha casado y tenido críos, y que de repente el grupo de los empollones repelentes al que yo pertenecía ya no somos marginados sociales, aunque sigamos sin ser de los guays. Luego está el típico por el que suspirabas desde tu pupitre y no te miraba ni para tirarte un trocito de goma por la espalda y en cambio ahora intenta de todas las maneras llevarte al catre. Haberme hecho caso cuando llevaba gafotas y aparato, chaval, llegas 10 años tarde por muy jugador de hockey profesional en Francia que seas y me vengas marcando la chocoltina en plan milkybar.

Sin embargo resulta sorprendente lo lejos que puedes encontrarte en sólo un par de años de aquellos con los que cursabas cafetología y trivialogía en el campus. Sirva de ejemplo este texto que escribí de una cena que tuve con ellos hace ya bastante tiempo. A la mayoría no los he vuelto a ver, y después de releerlo ya recuerdo por qué.

Condolezza Rice, de profesión hembra del mamífero de la raza de los cánidos conocido como zorro. Novia de Bob el divertido, al que despreciaba abiertamente cuando yo la conocí y él era novio de mi amiga Miranda. Fría, calculadora, capaz de hacerse pasar por tu amiga para luego apuñalarte por la espalda intentando hundir tu reputación y de paso robarte al novio. Inteligente y mala, combinación peligrosa donde las haya.

Bob el divertido: director de cine, colaborador de un conocido periódico, novio de Condolezza Rice y exnovio de Miranda. Le conocí un día que vino a pedirme apuntes con la lista de los días que necesitaba divididos en "estaba bebiendo en el bar" y "estaba en clase pero estaba borracho". Todas sus historias comienzan con "aquel día que amanecimos en un contenedor", "aquella noche que me subí a un árbol y empecé a gritar: soy un koala" o "aquella noche que mi primo Javier con una curda impresionante se metió en la cabina del tren y lo paró". Con todo, un tío ingenioso, escritor con cierto talento, con personalidad arrolladora e inteligente, menos en lo que se refiere a mujeres, claro.

Playgirl: musicóloga, la más joven del grupo, de profesión sus amantes.

El holandés errante: Escritor, pintor, electricista, filósofo en los ratos libres, buen conversador si está de buenas, antisocial las más de las veces y raro, muy raro.

Patxi: es un cerdo sin paliativos ni matices, a ratos estúpido, en otros cafre y psicópata en potencia. Fotógrafo profesional y amante de las relaciones imposibles con mujeres aún más imposibles que él. Patxi es Patxi y punto, no admite muchas definiciones.

Empanado: desaliñado, con problemas para acabar todo lo que empieza pero cariñoso y un buen tío en general. Siente cierta predilección por mí desde que nos conocimos. El aprecio es mutuo y la razón por la que he acudido a la cena.

Fuimos a cenar a un italiano y luego a tomar algo a un par de bares. Comienzo a beber sangría mientras escucho las historias de la vida sexual de Playgirl, a la que obligo a clasificarme a los tíos por provincias porque ya me hago un lío. Por cierto, a mitad de la noche recuerdo que se da el caso de que todos los hombres de la mesa han pasado por su catre alguna vez. Mientras, Patxi cuenta alguna de sus fantásticas historias sobre su pequeño pueblo vasco, que te hacen pensar si te está tomando el pelo o si directamente le falta medio calendario. Por ejemplo aquella sobre que los americanos enterraron unas placas que habían usado para conectarse con los extraterrestres en la ladera de una montaña, y si ibas allí y te tumbabas en el suelo te ponías moreno por los dos lados a la vez.

Hacia la mitad de la jarra de sangría las conversaciones de Bob el divertido sobre sus borracheras, el holandés errante sobre hentai y películas hiperviolentas y Condolezza sobre su trabajo de investigación comienzan a parecerme bastante más divertidas. Playgirl me pide consejo sobre un trío que le ha propuesto un tío al que sólo ha visto una vez: no sabe si elegir a otro hombre o a otra mujer. Patxi sostiene muy serio que las palomas son en realidad espías de los extraterrestres, porque allá donde vas hay alguna.

Mientras Condolezza comienza a someterme al tercer grado sobre mi vida personal y profesional, así que abandono la sangría, no debo beber más por si me voy de la lengua. Esquivo hábilmente sus preguntas respondiendo a cada una de ellas con monosílabos y acompañándolas de alusiones al resto:
Patxi ¿sigues con esa tía gótica a la que le iba el masoquismo y te clavó en el brazo un anillo de pinchos?
Bob, cuéntanos aquella historia de cómo acabasteis en un bar desnudos y conseguisteis que el resto de los clientes y hasta los camareros hicieran lo propio.
Holandés, ¿sigues con la tía que se había intentado suicidar dos veces y quería intentarlo una tercera?

Finalmente no consigo eludirla por más tiempo e inicio un cuento sobre lo aburrida que es mi vida y mi trabajo. Cuanto más deprimente es mi relato más se le iluminan los ojos. Comienzan todos a darme consejos sobre lo que debería hacer para llevar una existencia tan apasionante como la suya, mientras por dentro pienso que me quedo con mi vida anodina y Condolezza haría mejor en vigilar a su novio, que no me ha mirado a los ojos ni una sola vez en toda la noche.

Son las 5 y media de la mañana y nos echan del jazz bar y el personal se quiere ir a casa, excepto Patxi, que sugiere que se queda si vamos a otro antro y bailo desnuda. El holandés se va con Playgirl, y nadie duda que uno de los dos no dormirá en su casa esta noche, como en tantas otras ocasiones en el pasado. Bob acompaña a Condolezza a su casa, muy cogiditos del brazo, mientras el resto nos dispersamos hacia las nuestras.

En la despedida ni me molesto en fingir que les llamaré o quedaría con ellos a tomar un café a excepción del Empanado. A Playgirl me la encontraré en la biblioteca y el café surgirá sólo, en el que supongo continuará el culebrón "Sexo en Nueva York" donde lo acabamos de dejar. Al holandés errante me lo encontraré en el messenger y tendremos alguna conversación sobre lo trascendente de sus inquietudes vitales, su novia depresiva o cualquier otra cosa. A Patxi le pido el teléfono, porque puede ser un cerdo psicópata, pero es el único fotógrafo profesional que conozco y una nunca sabe. A Condolezza y Bob que les den por donde no da el sol.

AnimArte  

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La sección de arte de hoy va dedicado al cine de animación. Pero no ese que se hace con grandes medios en los estudios de Hollywood, no, uno más de andar por casa que derrocha imaginación donde falta dinero.

Por ejemplo ¿qué pasa si mezclamos al bueno de Chaplin con las pelis de Spielberg?
Edna


Suena música de tango, ¿bailamos?
En tus brazos

Carta a los Reyes Majos  

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Ha pasado un año ya desde que en la víspera de Navidad nuestra amistad y nuestras bromas sobre el duro vaquero y la señorita Rabbit empezaron a convertirse en mucho más. Una mezcla de cariño, pasión y deseo que terminó dinamitando todos los obstáculos que se pusieron en su camino. No fueron pocos: vivíamos a más de 200 km., no nos habíamos visto más que por una pantallita de ordenador, yo me oponía con todas mis fuerzas a una relación a distancia, tú salías de un ruptura dolorosísima con la novia con la que llevabas 9 años, yo aún luchaba contra una depresión, tenía miedo a la opinión de mis padres... Aún no sé ni cómo nos dejamos llevar por aquella locura como para programar una cita a ciegas en una ciudad cercana a la tuya la víspera de Reyes.

Vuelvo la vista atrás y los recuerdos de aquellos dos días se convierten en pedacitos de un puzzle gigante que vienen sin orden ni concierto a mi mente. Desfilan ante mí tu olor, el primer beso que me pediste en el coche mientras el semáforo no quería dejar de estar en rojo para nosotros, tus hoyuelos, aquel sillón, cuando te hacías el dormido mientras intentaba despertarte, el sonido de tu voz susurrándome que te parecía preciosa, mis respingos, los dos besos que me diste en la estación que no me supieron a nada. Tu silueta tras la puerta traslúcida del baño, tus largas pestañas, todo lo que me hiciste reír, tus caricias en mi pelo, la curva imposible de tu espalda, aquella foto feísima que nos hicimos en un fotomatón, el palo que pasé cuando en el restaurante me dijeron que llevaba el jersey del revés y no me había dado ni cuenta, tu piel en la mía, tus manos cogiéndome por la cintura cuando nos perdimos por la ciudad buscando al astronauta y el diablo con el helado de dos bolas.

Lo sé, lo sé, suena a película romántica. Pero fue realmente así, tan jodidamente perfecto que parece un cuento. Supongo que enamorarse tiene ese efecto en las personas. Te vuelves una ameba feliz y sonriente víctima de Cupido, ese bicho volador lobotomizante, que diría Tribeca. En mi caso tras un año para olvidar, precisamente por no poder olvidar, de repente me entraban ganas de gritarle a todo el mundo lo feliz que me sentía. Y por mucho que les pese a los que gruñen que el amor verdadero dura tres meses, esa ilusión no muere.

Por eso este año he pensado que ésta va a ser mi carta a los Majos de Oriente:

Queridos Reyes Majos
Este año no voy a pediros ningún regalo. No, tranquilos, que tampoco será ésta una de esas cartas que piden paz y amor en el mundo. Estaría bien, pero no nos engañemos, con lo que le gusta al género humano machacar a su prójimo es más bien improbable.

Después del regalo que me trajísteis el año pasado (¿cómo sabíais que me pierde que me hagan reír y sean buenos por dentro y estén buenos por fuera?) no me atrevo a pedir nada más. Debí ser una niña muy muy buena para merecerlo, o a lo mejor era vuestra manera de disculparos por cambiar siempre cosas de mi lista. Que bien que convertíais a la chabeli (la barbie era una cursi), el detectinova o el telesketch en unos leotardos, una caja de plastidecores o un chándal azul y amarillo piolín, jodíos.

Así que por lo que a mí respecta tenéis una chimenea, bueno, campana de la cocina, menos que visitar y ya podéis ir guardando el gato tajalápiz sodomita y el muñeco de acción Dios Todopoderoso. Me vale con pediros un pequeñito favor. Que si no ha sido un regalo y ha sido todo un sueño fruto de vuestra magia, por el amor de vuestros turbantes, no me despertéis. Un beso cariñoso para los tres, aunque uno destiña,

aliere
P.D. Quizás sea éste el post que más me ha costado escribir desde que tengo el blog. Y eso en una persona que no calla ni debajo del agua y no se le da mal retorcer palabras es mucho decir. He gastado infinidad de borradores pero el resultado siempre queda pobre, insulso, vulgar. Y nuestra historia es de todo menos eso. Aún con todo me apetecía intentarlo. Feliz aniversario, costillo.

¿Pero esto es arte? II  

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Después del examen de ojo crítico del otro día, en el que al menos a mí me quedó claro que soy incapaz de distinguir un mueble de casa de Tita Cervera de uno de IKEA, mejor nos consolamos con un par de páginas con las que explorar nuestra creatividad.

En la primera podemos crear nuestro propio Jackson Pollock, ahí es nada. Con estas manitas y mi tricotosa, que diría el anuncio. Sólo hay que mover el puntero, hacer click para cambiar de color o pulsar la barra espaciadora para borrarlo todo et voilá.



En la segunda puedes hacer tu propio retrato picassiano, combinando todos los rasgos de la cara y hasta añadiendo tu firma.



Y si alguno es muy manitas y le sobran un par de horas libres pues nada, oye, a dibujar la Mona Lisa con el paint, que poder se puede.

¡Que os divirtáis!