Dilema  

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El otro día se conjuntaron los planetas y me pude ir a comer con una amiga, que a falta de mote podría definir como una conciencia diferente, y claramente femenina, en voz alta. Entre platos y risas nos pusimos al día y me planteó este interesante dilema:

"Imagina que tienes una relación en la que eres feliz. No tiene grandes altibajos, ni desborda una pasión que te hace sentir por las nubes ni al día siguiente te hace sentir desgraciada. Tu pareja es todo lo que pensaste con la cabeza: un buen novio, un buen futuro padre para tus hijos, un compañero, un amigo.

Hace tiempo tuviste otra relación con alguien que era todo lo contrario. Una relación más difícil con una de esas personas que cuando se sienten atadas se alejan, y cuando están lejos se dan cuenta de que te añoran. Los encuentros y desencuentros afectan a tu estabilidad emocional, pero a cambio esa persona te hace sentir una pasión incontrolable. No lo has conseguido olvidar, después de años, pero no te ves ahora mismo dejándolo todo por una persona que vive a mil kilómetros y no está nada claro se comprometería a dejarlo todo y a todas por ti.

Y aquí estás, ¿sacrificarías una relación que te hace feliz pero no es tan emocionante y apasionada por una aventura, en todos los sentidos de término, pensando que sólo se vive una vez? ¿Y si esa historia no está a la altura de tus propios recuerdos? ¿Y si con el tiempo acaba siendo tan estable y predecible como la primera, una vez pasado el enamoramiento inicial? O al revés, ¿y si terminas sacrificando más en aras de la comodidad? Dicho de otro modo, ¿amor o pasión?"

Y mientras meditáis la respuesta os dejo con una canción que apuesta por la segunda opción, por hacer que ni las distancias ni los idiomas importen. Pese a que yo me quedaría con la primera, porque de pasiones locas ya tuve para rato y prefiero buscarlas en quien me da seguridad. Lo que, a su manera, también supone toda una aventura, no me digáis que no.


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9 comentarios

Desde luego, lo ideal es tener amor y pasión en la misma relación. Pues mientras el amor crece la pasión suele disminuir.

Entonces ¿qué pasa cuando apenas hay de lo segundo? pues que la relación de pareja se convierte en una relación de pareja light, descafeinada, que nos gusta porque no engordamos o no nos quita el sueño.

La parte positiva de este tipo de relaciones, es que hay mayor tendencia a una vida cómoda, donde las reacciones no son tan viscerales y crece el cariño. La parte negativa es que será un ser incompleto. ¿Pero segura de su decisión y dispuesta a vivir con ese lastre? Suponemos que sí, que su tiempo le habrá llevao decidirse. Y dices que es feliz.

¿Sacrificarlo todo por una aventura?. Hay quien tendría valor.

La vida es anodina. Piénsalo. En el hipotético caso de que te murieras mañana, muchos no haríamos lo mismo que estamos haciendo hoy. O iríamos corriendo a pasar nuestro último día en brazos de ese amor a mil kilómetros. ¿Por qué? Porque en ese caso, nosotros los cobardes, no tendríamos nada qué perder.

Al final nuestros actos los rige el miedo. El miedo a sufrir, al dolor, a la pérdida... miedos frente a una vida larga. Y esta chica creo que no se sintió suficientemente correspondida o segura porque... el miedo dirigirá muchos actos, pero las pasiones mueven el mundo ¿o no?

18 de febrero de 2009, 19:01

Estoy de acuerdo contigo Aliere, yo también he vivido pasiones suficientes y siempre negativas para mi estabilidad emocional. Tampoco me gusta la seguridad, me hastía. El término medio es lo mejor, pero hay que saber trabajárselo...
En cuanto a tu historia, me quedaría con el amor.

Un beso enorme!

19 de febrero de 2009, 20:50

Hola chicas, muy interesante lo que me planteáis en respuesta al dilema de mi amiga.

Dende Amieva, me has hecho pensar mucho sobre la cobardía y el valor en todo este asunto. Creo que sí, que nos acobarda pensar en el largo plazo, en una vida larga y por eso tendemos a buscar la estabilidad frente a pasiones que, no lo voy a negar, nos revitalizan y nos dan una energía y un sentirnos vivas que luego añoramos cuando la cosa se apaga un poco. Quizás seamos más miedosos los que hemos sufrido un desengaño más o menos reciente y no queremos volver a pasar por un cataclismo así de nuevo.

Sí, si el mundo se acabara mañana tal vez esas cobardías desaparecerían, aunque desde luego lo primero quedejaríamos sería de trabajar, jejeje.

También creo que es determinante el hecho de que esa persona no daba la suficiente seguridad como para dejarlo todo, familia, pareja actual, trabajo, ciudad... Una decisión que comporta muchos sacrificios como para ser tomada a la ligera.

Zafferano tienes mucha razón, hay que trabajarse el término medio. Las cosas suelen ir rodadas al principio: ese beso apasionado en medio de la calle, los juegos de cama en cualquier lugar menos la cama, las mariposillas en el estómago cada vez que le ves... Luego la verdadera aventura es cómo conseguir que la rutina, nuestro gran enemigo, no nos haga comodones y demos todo por supuesto. ¿Las claves? Pufff ni idea, yo aún estoy en la primera fase, cuando llegue a la segunda os contaré, jejeje.

20 de febrero de 2009, 9:20

Pues en mi humilde opinión, la rutina llega si se la recibe con los brazos abiertos. Hay millones de cosas que se pueden hacer para pasarlo bien, para hacer cada momento único.. pero hay que querer, claro. La actitud es casi todo.

20 de febrero de 2009, 11:41
Anónimo  

Yo también me quedo con la relación segura. Creo que la pasión está sobrevalorada. Pasé dos años con un chico con el que había mucha pasión, pero el sufrimiento superaba la pasión con creces. Y aún así estuve con él 2 años. Precisamente porque sólo se vive una vez hay que procurar hacerse a uno mismo la vida fácil.

20 de febrero de 2009, 15:22

Andaba yo hurgando por los entresijos de mi propio mi blog y me he encontrado un link que ponía: 2 seguidores. Y me he dicho ¡qué ilusión, tengo dos seguidores! Y una eres tú, nena, así que rauda vengo a agradecerte y a echar un vistazo a este lugar, bien escrito, bien presentado y bien musicado. Un placer conocerte, querida.

Sobre el tema de tu post... es una cuestión irresoluble. Yo hoy voto por el amor, la complicidad, el compañerismo y el entendimiento, y eso es compatible con la pasión, por supuesto, pero no siempre la incluye, es cierto. Pero esa es mi opinión de hoy con el sesgo de mi situación personal. ¿Quién sabe si en unos meses fuera capaz de liarme la manta a la cabeza y fugarme con algún bello y ciclotímico efebo...? Algunos dilemas son eternos y por eso tienen gracia.

Por cierto, excelente el discurso de Doris Lessing. Gracias por la pista. Abrazo!

21 de febrero de 2009, 23:58

Yo lo tengo claro. Prefiero ir al infierno después de haber estado en el cielo, que no estar siempre en el limbo. Lo digo con la experiencia de varias relaciones a mi espalda, y todas complicadas.
Ahora tengo un amante y no tengo una relación "formal", pero vivo el día a día intensamente y no lo cambiaría por nada, aunque entiendo las diferentes posturas aquí relatadas, ya que todos somos diferentes y todos pasamos por distintas etapas en la vida.
Yo, hace diez años, creo que no hubiera entendido mi postura actual. Ahora quiero y me dejo querer y cuando estoy con él, sólo existimos nosotros y el amor más puro.

Me ha encantado llegar hasta tu blog.

Saludos

22 de febrero de 2009, 20:14

Auriga creo que tienes mucha razón, en que hay un componente de actitud, de querer que es básico. Creo que hay personas que intentan que su pareja constantemente las sorprenda y las divierta, y es no es precisamente justo. Ambos deben poner de su parte un cierto componente de sorpresa, jugar a volver a enamorar al otro, y sobre todo mucho sentido del humor.

Otra cosa que me parece un error es intentar que nuestra pareja nos complemente en todos los aspectos de nuestra vida. Si a mí me gusta bailar el tango y mi pareja lo aborrece tengo varias opciones:
- obligarle a que baile conmigo.
- quedarme en casa enfurruñada porque no quiere salir a bailar.
- irme a bailar a una academia o con mis amigas.

Si pretendo buscar a alguien que me sorprenda todo el tiempo o que me complemente absolutamente en todo supongo que terminaré o por aburrirme o por lanzarme a la búsqueda de una persona tan perfecta que no exista. Un abrazo y gracias por tu opinión.

Deirdre me ha encantado tu última frase, la firmaría ahora mismo. Tal vez sea la edad, ¿me estaré volviendo carca? o algún que otro guarrazo en las narices, pero ahora mismo estoy encantada con una relación estable. Ya bastante hay en mí misma de desorganización, desequilibrio y locura como para añadir factores externos. Un besazo.

22 de febrero de 2009, 22:11

¡Hola Astarté, bienvenida! El placer es todo mío, te lo aseguro, me alegra muchísimo que te haya gustado el blog. Me sacas los colores, glups.

Enlacé tu blog porque llevo a dieta cosa de un mes y no veas lo que me anima leer cómo cuentas tú el proceso por el que las dos estamos pasando. En tu blog me he echado muchas risas, me he sentido muy identificada contigo y me encanta el sentido del humor y el optimismo que desprendes a cada frase. Curiosamente intenté dejar un comentario en tu entrada sobre el demoño de las lorzas, con la que me reí a mandíbula batiente, pero no conseguí que quedara registrado. Supongo que son cosas de los ordenadores públicos.

Un abrazo enorme para ti, ¡nos leemos!

Te doy la bienvenida también a ti el color del viento (qué nombre más bonito, por cierto). Me encanta que también haya opiniones dispares, sino vaya dilema más pobre, jejeje. Creo que tienes razón en lo de las etapas de la vida, y por supuesto estoy contigo en que hay que saber disfrutar de las relaciones sin miedo a sufrir después. Nadie podrá arrebatarnos jamás aquello que sentimos, fuera o no compartido por la otra persona.

Un abrazo y gracias a las dos por vuestros comentarios.

22 de febrero de 2009, 22:20

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